Cambiar la burocracia material de documentación y procesos evitables, por la "burocracia ágil" es un riesgo de jefes (gestores, "scrumes-gestores", team leaders, product managers...) que, o ya padecían, o han adquirido con la agilidad una reunionitis aguda, que puede acabar siendo crónica.
Hace pocos días, en un correo me comentaba Julio que la implantación de scrum había dado un especial "gustillo" a su jefe por las reuniones, que empezaba a preocupar y cansar a muchos, y cuestionaba, con mucho tino, la existencia de una "burocracia ágil".
Las reuniones tienen algo de puesta en escena, y también de laboratorio de dinámica de grupos, por lo que algunos gestores con necesidades especiales de atención o de reconocimiento o afianzamiento, o socialización, etc. (vamos, ¿¡quién de nosotros está libre de algo de esto!?) encuentran (o encontramos) en ellas el suministro fácil de una dosis con la creencia ilusa de que están realizando su trabajo con especial competencia.
Las reuniones son un recurso muy caro, y por eso pueden ser el mayor agujero de ineficiencia en empresas de gestión paradójica, en las que siempre está ocupada la sala de juntas con reuniones interminables, mientras el responsable de recursos humanos, apunta a los que sobrepasan los 20 minutos de la pausa del café.
No sé si sería útil un "taximetro" en la sala, como el Meeting Miser de PayScale; pero quitando las reuniones "institucionales" un consejo es cambiar el "chip": abandonar la mesa y las sillas, por charlas de pie, con un objetivo claro, junto a una pizarra, y un límite de tiempo de 20 minutos.