|
Es la opinión Sharon Cichelli, que esta semana volvía a cuestionar el valor real de la certificación ScrumMaster:
"Basta con asistir a dos días de clase. Esto es todo. Suena realmente peligroso... ...Pregúntale a un directivo a quién preferiría contratar, si a alguien con tres años de experiencia trabajando en equipos scrum, o a un Scrum Master Certificado (trompetas y fanfarrias). Los que conocen Scrum saben que ScrumMaster es el nombre de un rol, pero a los que no saben de Scrum les suena a dos palabras, con un espacio en medio: Srum Master, el experto del proceso"
Agile Open Space: On Certifications Opino lo mismo, y la argumentación, para mi, tiene bastante sentido:
A Sharon le asusta esta certificación, y la considera una amenaza para la agilidad, porque, como dice: ella quiere permanecer en el juego del desarrollo ágil. Le encantan los proyectos ágiles, pero la sombra de advenedizos y encumbrados "enterados", colocados a gestionar equipos o departamentos de programación ágiles, por empresarios despistados, producirá, con nombre de agilidad, un nuevo modelo de gestión errónea y tediosa, y sembrará PHB's en un campo en el que aún no estaban creciendo.
La certificación ScrumMaster tiene bastante de "nuevo traje del emperador". Los conocedores de desarrollo ágil y de scrum lo saben, y como apunta Sharon, tomando una cerveza con Mike Cohn es cuando puedes ver cómo bromea sobre la certificación; pero por una peligrosa y poco ética camaradería o corporativismo mal entendido, en público se mantiene y agranda el mito.
Las certificaciones profesionales son una cosa, y el networking otra. Ambos valiosos y necesarios en su medida, según cada caso.
En cada profesión la utilidad de las certificaciones profesionales es directamente proporcional a la rapidez de evolución de su cuerpo de conocimiento. Si me dan a elegir como administrador de sistemas a fulanito, con credenciales de Ingeniería Informática, por la Universidad de XX en 1990; o a menganito, con certificación profesional de experto CISCO (CCIE). Me quedo con el segundo.
Si fulanito no ha seguido una formación continua ya no estará "en el juego". Se habrá quedado en los "análisis funcionales y orgánicos", en las plantillas y formatos de codificación COBOL, y en la comunicación a través de puertos RS232
Nuestra profesión trabaja en un escenario muy rápido: el conocimiento de un médico (por ejemplo) de hace diez años, aún me puede valer; el de un programador, no.
Las certificaciones profesionales facilitan la formación continua, mantienen al día a quienes trabajan en escenarios rápidos, y les ayudan a reflejar su actualización en los currículums.
Y otra cosa es el networking: concepto poíticamente correcto, porque tiene la ambigüedad suficiente para abarcar desde relación o colaboración, hasta variantes de más dudosa ética como amiguismo, recomendación o incluso enchufe.
Qué duda cabe que se trata de un valor importante; que una organización de buenos técnicos, pero sin "capital relacional" (otro maravilloso eufemismo) lo tiene duro para transformar su valor en beneficio económico; y que, sin embargo, una organización con buen "networking" y "capital relacional", se puede hacer millonaria.
Las ferias y congresos son el campo de cultivo del networking, donde éste suele ser el principal, si no el único, atractivo para sus asistentes. Los cursos, o la enseñanza reglada, son los modelos tradicionales de formación profesional; y, en tercer lugar, los Master, tipo MBA, son un modelo con la combinación de ambos valores profesionales: actualización y networking. A las cosas conviene llamarlas por su nombre; a dos jornadas de charlas y ejercicios de simulación se le debería llamar congreso: sitio en el que te dan información, pero no un título, y en el que vas a conocer a gente del mundillo (o a "hacer networking"); porque al no llamar a las cosas por su nombre, y ponerle el disfraz de Master de vanguardia en la gestión de proyectos: se despista, o incluso engaña a los profanos, y se fuerzan complicidades de dudosa ética entre los expertos, a quienes en pro de las buenas formas y de las obligadas sonrisas del networking se les fuerza a mirar a otro lado cuando los emperadores desnudos presumen de su nuevo trajes.
Trackback(0)
|