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06.04.2006 |
A vueltas con la idea de una Consultoría 2.0, y al hilo de: "El último de la cadena" y "¿Es sostienible la Consultoría 1.0?.:
Los departamentos de prensa, marketing y publicidad pueden ser instrumentos de maquillaje muy apañados, y con sus imágenes de marca, comunicaciones oficiales, estudiadas apariciones en los medios, spots de brillo, etc. pueden presentar a la moza más desgarbada, o al más patán de los gañanes como sex symbols irresistibles.
Pero aún así no se puede descuidar el producto, y engañar descaradamente; porque al final el cliente abrirá la caja deseando fruir con su compra, y si tras el brillante envoltorio descubre que la prometida liebre no pasa de gato callejero, [...]
[...] podríamos acabar en un banquillo explicando a su señoría que hombre, que se trataba de un animal tan asilvestrado que técnicamente se podría considerar una liebre, y bla bla bla.
¿Pero qué pasa cuando se trata de consultoría?. ¿Cuando el producto o servicio, por intangible, relativo o ambiguo hace difícil constatar el engaño?. ¿Cuando se pueden vender pollinos como pura sangres?. Cuando además se puede aprovechar la rabieta del cliente tras la inevitable pérdida del derbi para seguir "asesorándole", haciéndole ver que el caballo no lo hace todo, y que aun con el mejor pura sangre, las carreras son difíciles, pero que afortunadamente cuenta con nuestro apoyo y experiencia en clases de equitación, doma, alimentación y cuidado, bla, bla, bla.
Y en este escenario, profesionales honestos y vocacionales acaban o crispados por tener que competir con pavonados vendedores de burras viejas, o quemados y avergonzados por tener que trabajar en condiciones penosas, precisamente para estos vendedores. Con esta actitud la consultoría 1.0 está alimentando su propia antítesis.
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